Sidreria el Pareón, en Sirviella

31 03 2008

Sidreria el Pareón, en SirviellaPara comer debajo de un hórreo o simplemente tomar una sidra

En la localidad de Sirviella, en el concejo de Onís, a unos escasos dos kilómetros de la capital del concejo, Benia, y a los pies de los Picos de Europa, en un paraje singular y de elevada belleza, la tercera generación de llagareros produce 20.000 litros de sidra para la comarca del Oriente.

Desde que el abuelo de Soraya González Álvarez regresase a su Asturias natal desde Madrid, donde regentaba varios restaurantes una vez acabada la guerra civil, no se ha parado de hacer sidra en El Pareón, como así se llama la sidrería, para el deleite de todo aquel que quiera degustar su caldo.

Marcelino González Fernández recuperó el funcionamiento del llagar olvidado de sus ancestros en unos tiempos difíciles de la posguerra española, llenándolo de vida y alegría para sus vecinos.

Hacia el año 1940, Marcelino González Fernández decidió fundar en su Sirviella natal un llagar, y eligió el nombre de sidra Carriedo para comercializar el producto en sus inicios por las ferias y fiestas de la zona.

Posteriormente, en 1987, se hizo cargo del llagar su hija, quien llevó a cabo grandes reformas para la mejora de su capacidad y aumentar la producción de sidra. Se cambió el nombre definitivamente para adoptar el actual, como se conoce por todos los rincones de la comarca. Ahora, es un llagar con encanto como quedan pocos por toda la geografía asturiana y donde todavía se hacen todos los procesos a mano.

«Volador»

Cuenta con cuatro toneles con una capacidad de 2.000 litros cada uno de sidra natural, dos prensas de 2.000 kilogramos, una máquina de corchado y una de embotellado, todas ellas para una producción manual. Desde febrero a mayo no hay descanso para la llagarera y su familia, que embotellan de 2.000 en 2.000 litros la sidra mayada hace tres meses.

Es denominada «volador» por su fuerza y espalme al escanciarla. Se almacena en una cueva excavada en el propio llagar para que mantenga intacta la temperatura hasta que sea degustada por sus clientes.

El llagar dispone de un servicio de restauración. Como plato final y como si fuera poco mantener el llagar y el restaurante Soraya González Álvarez fabrica un peculiar producto que siempre estuvo vinculado a la sabiduría familiar. Es el dulce de sidra, que permite finalizar la visita con un sabor más dulce si cabe.