Ascensión al Niajo

19 08 2009

NIAJO

RIBOTA – LA GUARICIA – NIAJO – POZALÓN – SENDERO LA VALLINA – RIBOTA (circuito)

Punto de partida: Ribota (barrio de abajo).

Duración: 6-7 horas.

Desnivel: 1.250 metros.

Dificultad: I:. Desde la pradera de la Guaricia hasta la cumbre del Niajo la ascensión se efectúa por una fuerte pendiente que -en algunos tramos- hace necesario el apoyo de las manos.

Las cimas del Niajo y del Pozalón se hayan unidas por una larga crestería. No tiene mayor dificultad (apenas dos o tres pasos de I:), pero tampoco admite ningún descuido. No se aconseja para aquellas personas que tengan excesivo miedo a la altura (vulgar y erróneamente llamado vértigo).

El desnivel, asequible, es engañoso, pues se gana altura con gran rapidez, gracias a una subida constante desde el pueblo hasta la cumbre, no existiendo descansos para recuperar.

Características: el Pozalón y el Niajo forman un conjunto montañoso que, dada su aislada posición, permiten disfrutar de una amplia panorámica. Dentro de ésta se pueden delimitar cuatro zonas especialmente hermosas y que conforman otros tantos ecosistemas diferenciados:

a) Ten y Pileñes, a su derecha el monte Peloño. Contraste de bosque, pastos de altura y alta montaña;

b) Desfiladero de los Beyos. Desde la cumbre del Niajo se divisan todos los picos que se elevan a ambos lados de esta abrupta quebrada tallada por el río Sella (Canto Loto, La Plana, La Conia, Jucantu…).

c) Valle de Sajambre. Cubierto por un espectacular bosque y atravesado por el río Sella. Las abundantes riegas que vierten sus aguas al cauce principal forman un bonito conjunto de valles secundarios. A vista de pájaro se disfrutará de la contemplación de los cinco pueblos que se asientan en las tierras de Sajambre (Ribota, Pío, Vierdes, Soto y Oseja).

d) la Peña Santa de Castilla, destacándose entre las peñas calizas que configuran el Macizo Occidental de los Picos de Europa.

Dentro de la fauna que puede verse destacan los rebecos y los buitres. Algo más difícil de ver es el alimoche, un ave carroñera que pasa el invierno en la sabana africana. En vuelo predomina el color blanco, con la punta de las alas negra. En esta zona también es posible contemplar el vuelo majestuoso del águila real, pero esta rapaz es más fácil de confundir con otras aves.

Descripción:

Accesos

Se sale de Cangas de Onís por la carretera de Castilla, remontando el curso del río Sella. A la salida del Desfiladero de los Beyos se encuentra la abandonada venta de Covarcil, donde se inicia el ascenso al Puerto del Pontón. Un kilómetro más arriba (aproximadamente) se encuentra un cruce. Se coge la estrecha carretera de la derecha, que baja al barrio de debajo de Ribota.

Ribota – Niajo (3 horas – 3 horas 30 minutos)

Una vez en el barrio de debajo de Ribota, se cruza el río sella por un puente. Comunica con la parte del pueblo que se asienta en la margen izquierda del río. Se sigue de frente en busca de una pista que empieza a remontar bosque arriba. El único problema serio de pérdida tiene lugar nada más pasar un depósito. Existe un cruce que invita a subir por la pista de la izquierda, pero hay que seguir por la de la derecha.

Tras bajar a la riega, en este tramo seca, que marcará la ruta de descenso, se empieza a salvar un fuerte desnivel. Destacar una cavidad descubierta al abrir la pista. Ésta muere a las puertas de una cabaña. Se continúa por el camino que remonta por su derecha.

A los pocos metros se llega a un cruce, aunque el sendero de la izquierda está tan poco marcado que no llama a confusión. Por un hermoso bosque se sigue ganando altura. Hay que pasar un corto tramo ?protegido? por barandillas de madera, que no levantan más de 25 cm. del suelo. El único peligro lo representan estos quitamiedos situados a la altura de los tobillos, aunque quizá sean efectivos para el ganado. Ya se da vista al pueblo de Ribota, unos 600 metros más abajo.

Superada la línea de bosque se encuentra una buena fuente, antesala de La Guaricia Niajo. Esta hermosa campera llama la atención desde el valle cuando se contempla la magnífica silueta del Niajo. Un oasis de verdor colgado sobre el río Sella y al pie de una ladera inaccesible que cae de los espolones del Niajo. Su parte baja se encuentra cerrada por una muria que protege al ganado de precipitarse al vacío.

En este punto hay que dejar el marcado sendero de subida, que vuelve a descender por la vertiente contraria hacia el Desfiladero de los Beyos (al Puente Pasomina -donde arranca el atajo de los pastores al Collao Valdetordos-). Se empieza a remontar, ladera arriba, en dirección al Niajo. Esta panda herbosa y con abundantes cotoyas, se va estrechando acusadamente a medida que se gana altura, hasta formar una empinada crestería que muere al pie de un espolón rocoso. Para evitarlo hay que ir subiendo con leve tendencia hacia la izquierda, de tal modo que, una vez superadas las abruptas pendientes que cierran la ladera por esta mano, pasar a la vertiente que queda oculta a nuestra vista. Se continúa la subida en busca de una canal que se forma entre el espolón antes mencionado y la cima del Niajo (de la que -según se sube- se destaca la cruz que hace de buzón de cumbre).

Niajo – Pozalón (30 minutos)

Las cimas del Niajo (1.739 m.) y del Pozalón (1.743 m.) se hayan separadas por una larga crestería. Para recorrer este tramo se sigue una senda de cabras, suficientemente marcada pero que presenta pasos que aconsejan sacar las manos de los bolsos. La travesía no tiene mayor dificultad (I:), aunque un resbalón puede ser fatal.

Pozalón – Ribota (2 horas -2 horas 30 minutos)

Se continúa por la crestería dando vista al valle de Sajambre. A los pocos metros se llega a una amplia ladera que cae sobre una charca. Ésta se halla situada en un recogido rincón. Al otro lado, remontando las peñas que cierran la charca, se divisa un marcado sendero que atraviesa una zona de praderías. Baja al Collao de Llaete, donde se coge la pista que lleva a Pío.

A la izquierda de la charca se encuentra el Collao Porru Llagu. Marca la entrada a la Vallina, una estrecha valleja muy evidente vista desde el valle de Sajambre. Según se emboca esta canal se da vista al pueblo de Pío. El descenso se efectúa por el Sendero de la Vallina, al principio muy marcado, y que baja en cómodos tornos. Poco a poco la senda va desapareciendo. A media canal estamos descendiendo por una pendiente herbosa, cerrada por la derecha por una línea de paredones.

La parte de abajo de la Vallina está cubierta de árboles. Se puede acometer por la derecha, tomando las paredes de esta mano como referencia. El terreno es malo, lleno de rocas y cubierto de hojas secas. Pueden aprovecharse las ramas de los árboles para agarrarse.

Pasada la Vallina, se sale a una amplia ladera. Convina cotoyas, hierba y caliza, pero el descenso no es tan desagradable como a primera vista parece. Esta ladera cierra por su izquierda una marcada vaguada que baja hasta Ribota. Al otro lado se levanta una peña de roca oscura, reseñar un pequeño desprendimiento de las rocas de su pared, que ha dado lugar a un destacable argayo sobre el fondo de la valleja. Por la derecha de esta peña, entre el bosque, pasa una senda que cruza el cauce seco de la vaguada para entrar en la ladera en que nos encontramos (este camino viene del Collao de la Puerta Cimbera). Es fundamental enlazar con esta senda. Atraviesa la ladera a relativa altura sobre el fondo del valle, en una zona en que abundan las espineras.

Sin perder la referencia de la peña con el desprendimiento, por su izquierda (entre ésta y una zona de prado) desciende un amplio camino al cauce de la vaguada. En el arranque de este camino, que comunica con el Collao de la Puerta Jondera, existe una buena fuente, no es más que el lugar donde brota la riega que baja por la valleja. Nace al pie de un árbol. En caso de no haber enlazado con el sendero de la Puerta Cimbera, hay que bajar al fondo de la vaguada, llegando hasta este lugar. Ahora es fácil seguir la senda, pues baja por la vaguada a la izquierda de la riega.

Un poco más allá se encuentra un prado cerrado con una muria. El sendero pasa por su derecha, entrando en un tramo estrecho en que coincide con la riega. La salida se encuentra cerrada con una portillera, que hay que salvar como se pueda (quizá el paso sea mejor por la zona de prado que hay a la derecha). Al otro lado se vuelve a empalmar con la senda. Ésta comienza a girar hacia la izquierda, dejando la vaguada, para pasar por la parte de abajo de una peña caliza. No se tarda en enlazar con el sendero de subida, en un cruce al que se había hecho referencia al describir la subida, cerca de la cabaña donde se enlaza con la pista.

Decir por último que la pista que se encuentra antes del depósito de agua, según se baja, viene del Collao La Puerta.





La Foz de los Andamios (el Beyu de Ponga-Desfiladero del Sella)

16 04 2008


andaduras.com

Foz de los Andamios (Los Beyos)

Vivoli

¿Qué son los Beyos? No he conseguido saber de fuentes fidedignas que significa la palabra beyo, pero la conclusión que he sacado es que se llama beyo a los recortados picos que arañan el cielo astur como afiladas sierras, creando profundas hendiduras en las que en muchas ocasiones no permiten que se establezcan valles, tanta es la cercanía entre las moles rocosas, a veces surcadas por profundos arroyos que dan lugar a las “foces”como la de Los Andamios, de la que hablaré mas adelante, y otras muchas de espectacular belleza.

Se sitúa esta zona asturiana en los límites del Parque Nacional de los Picos de Europa, en su parte comprendida entre el puerto de El Pontón y Puente Vidosa, según nos dirigimos a Cangas de Onis.

Afilados salientes en Los Beyos

Mi primer contacto con Los Beyos tiene lugar un día espléndido, soleado, cosa poco habitual en estas tierras, impactandome profundamente. Más tarde, visito la zona con calma, para lo que me dirijo a la localidad de San Juan de Beleño, que ostenta la capitalidad de la comarca. La zona es un conjunto de caseríos entre montañas, salpicados en un precioso valle.

San Juan de Beleño es una villa de fuerte sabor rural, rodeada de montañas de un verde intenso. La calle principal junto al río. Casas blancas contrastan con las tradicionales de piedra que encontramos en la parte alta, más tradicional, y en donde se asientan el ayuntamiento y la iglesia, junto a robles, hayas y castaños, poniendo el toque de color entre ellos.

Valle del Ponga

La carretera nos conduce haciendo un circulo a través de un precioso valle rodeado de montañas en cuyas cumbres las nubes juegan a esconder el sol. Contemplamos pequeñas aldeas llenas de encanto. El zigzaguear del asfalto nos obliga a ir lento, lo cual se agradece, las vistas merecen ser contempladas. De vez en cuando nos paramos en los bordes del camino para contemplar con calma el paisaje.

Pasa el tiempo lento, al cabo de un rato la carretera, mas bien pista asfaltada, discurre junto a un río que nos acompaña hasta nuestra salida del circo montañoso, y va a desembocar al Sella, río principal que riega estos Beyos encantadores.

Algo más arriba, se encuentra el puente de Huera, lugar donde arranca la ruta de LA FOZ DE LOS ANDAMIOS. Es esta una ruta cómoda. Se asciende por una estrecha pista asfaltada, por la que solo cabe un coche, y que es mejor subir a pie, de lo contrario no podríamos contemplar tan precioso paraje. Aparcamos el coche en un recodo de la carretera y comenzamos nuestro andar.

Los helechos cuelgan de las paredes

Caminamos bajo una pared rocosa, arqueada como si quisiera cubrirnos con su cresta saliente y por la que de vez en cuando oímos rodar piedras que vienen a caer junto a nosotros. A nuestra derecha el río Vivoli corre tan profundo que es difícil a veces verlo, va escondido entre frondosa vegetación, avellanos en su mayor parte, aunque no falta una gran diversidad de árboles y arbustos.

Los bordes de la carretera son un verdadero jardín, enormes helechos salpicados de las más diversas y desconocidas flores. Las mariposas constantemente revolotean entre ellas. Frente a nosotros, una hermosa chorrera de agua se desliza por una verde pared de helechos y enredaderas.

La ascensión no es dura, pero constante. No se hace fatigosa, hay que parar de vez en cuando, no podemos evitarlo, las cascadas que surgen de lo más alto caen ruidosas, primero al asfalto, después por la gran pared que bordea el río. Este se desliza saltando por las piedras que le hacen retorcerse una y otra vez para abrirse camino en su rápida bajada al Sella.

Ya casi al final de la ascensión se abre el encajonado cañón y se muestra a nuestros ojos la aldea de Vivoli, en medio de una verde y aterciopelada pradera.

Peña Vivolines

Una mole rocosa protege la aldea, Peña Vivolines. Sus paredes grises destacan en medio del verdor del valle.

Es un caserío pequeño, encantador, todas las edificaciones son de piedra, hórreos, paneras, casas… y la iglesia. Un conjunto digno del más hermoso cuadro. Parece que viéramos un escenario preparado a propósito, y sin embargo es una realidad, tan tangible y cierta como la dura vida de este puñado de gentes que viven en tan maravilloso entorno sin importarles el aislamiento en los nevados inviernos.

Creo que son personas muy inteligentes, que han sabido ver que no hay precio que pueda pagar semejante belleza. En el porche de una preciosa casa un paisano organiza la leña junto a su esposa, les saludamos y entabla amigable conversación con nosotros, incluso nos ofrece tomar algo y sentarnos con ellos. Se respira bondad en sus palabras y gestos, y al despedirnos me llevo una sensación de ternura y sosiego que me dura todo el día.

Regresamos por el mismo camino que vinimos. Ahora el paisaje parece diferente, la bajada, más cómoda, me hace reparar aún más en las flores que bordean el camino, es imposible conocerlas, creo que la mayoría de ellas son autóctonas, aunque también abundan los brezos, preciosos, de variados colores, rojos, blancos, malvas, rosas…

Profundos barrancos y afilados picos

En algunas laderas el serpol se adueña y las cubre por completo. En los bordes de la carretera abundan los helechos que se mezclan con toda clase de flores. Es una primavera en todo su esplendor.

Algunas son tan diferentes a todas las que he visto hasta ahora que me gustaría conservarlas todas, pero es imposible.

Y las mariposas… las hay por docenas,de un precioso color ámbar moteadas de negro, revolotean sin parar, no consigo hacerles una foto, y cuando lo consigo sale desenfocada, no paran en su aleteo, y las envidio, las envidio sinceramente.

Llegamos al final. Al final de la caminata y al final de las vacaciones. Lo siento, me ha calado hondo esta tierra, dura y dulce, de amable gente, siempre sonriente y afable.

Estas montañas me han calado más hondo aún que las altas cumbres de Los Picos, porque, a pesar de no ser tan conocidas, están impregnadas de belleza.